El problema es justamente que se parecen
Con el inglés nadie duda: si la contraparte habla inglés y usted no, contrata
intérprete. Con el portugués aparece la tentación de no hacerlo, porque las dos partes
creen que se van a entender. Y en gran medida se entienden — lo suficiente para una
conversación de pasillo y no lo suficiente para cerrar un acuerdo.
Ahí está el riesgo real. Cuando dos personas no comparten idioma, saben que no se
entienden y preguntan. Cuando lo comparten a medias, ninguna de las dos sabe en
qué momento dejó de entender. Las dos asienten. Y salen de la reunión con
versiones distintas de lo mismo.
El portuñol funciona para pedir un café. En una mesa donde se discute un plazo de
entrega, una tolerancia técnica o una cláusula de responsabilidad, es un riesgo
innecesario para lo poco que ahorra.