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Ruedas de prensa
Pregunta y respuesta ya vienen por turnos. La consecutiva se acomoda al formato sin forzarlo, y la prensa alcanza a anotar.
Sin cabina ni receptores
El orador habla, se detiene, el intérprete traduce. Sin equipos y sin montaje. Es la modalidad correcta para algunos eventos y la equivocada para otros — aquí está cómo distinguirlos.
El orador dice una idea completa —treinta segundos, un par de minutos— y se detiene. El intérprete, que ha estado tomando notas con una técnica propia del oficio, reconstruye esa intervención completa en el otro idioma. Después el orador continúa. Se alternan hasta el final.
No hay cabina, no hay consolas, no hay un receptor por asistente. El intérprete está de pie o sentado junto al orador, a la vista de todos. En una sala grande necesita un micrófono, y nada más.
Eso la convierte en la modalidad más simple de montar y, al mismo tiempo, en la que tiene el costo oculto más grande: duplica el tiempo. Una intervención de veinte minutos pasa a ocupar cuarenta.
La toma de notas
El intérprete consecutivo usa un sistema de símbolos propio para registrar estructura: la idea principal, las relaciones lógicas, las cifras, los nombres. No transcribe. Reconstruye.
Por eso una buena interpretación consecutiva a veces suena más clara que el original: el intérprete escuchó la idea completa antes de hablar, algo que en simultánea es imposible.
Cuándo es la correcta
Todos tienen algo en común: son breves, tienen pausas naturales o el espacio no admite una cabina.
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Pregunta y respuesta ya vienen por turnos. La consecutiva se acomoda al formato sin forzarlo, y la prensa alcanza a anotar.
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Discursos cortos, público mixto y cámaras. Una cabina en medio del escenario estorbaría; el intérprete al lado del orador, no.
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Dos delegaciones en una mesa. Las pausas dan tiempo de pensar la respuesta, y en una negociación eso a veces se agradece.
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El grupo camina, se detiene, escucha una explicación y sigue. Con un sistema portátil de audioguía funciona perfecto.
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Grupos reducidos donde hay preguntas constantes. Las pausas para traducir ordenan la clase en vez de interrumpirla.
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Notarías, entrevistas, instancias donde queda registro. La consecutiva permite verificar cada tramo antes de avanzar.
Consecutiva o simultánea
La consecutiva parece más barata porque no lleva equipos. A veces lo es. Y a veces le cuesta el doble de arriendo de salón.
| Consecutiva | Simultánea | |
|---|---|---|
| Duración del programa | Se duplica | No cambia |
| Equipos | Ninguno (micrófono si la sala es grande) | Cabina, consola, radiadores y un receptor por asistente |
| Intérpretes por idioma | Uno si es corto; dos si la jornada es larga | Dos, siempre |
| Cuántos idiomas admite | Uno, o dos con dificultad | Todos los que haga falta, en paralelo |
| Tamaño de público | Cualquiera, pero pierde ritmo con mucha gente | Desde 20 hasta más de 1.000 receptores |
| Montaje previo | No requiere | Sí, normalmente la noche anterior |
| Costo del servicio | Menor | Mayor |
| Costo total del evento | Puede ser mayor: el doble de horas de salón | Suele ser menor en eventos de jornada completa |
La regla práctica: si el evento dura más de dos horas o tiene más de un idioma de destino, la simultánea sale mejor aunque la cotización del servicio sea más alta. Bajo esas dos horas, la consecutiva casi siempre es la decisión correcta.
Hay un caso que se confunde mucho con la consecutiva y no es lo mismo. Si en una mesa de veinte personas hay una sola que no habla español, detener la reunión cada dos minutos para traducirle es absurdo. Ahí va interpretación susurrada —chuchotage—: el intérprete se sienta a su lado y le traduce en voz baja, en simultáneo, sin equipos y sin que el resto de la sala se detenga.
Su límite es físico: funciona con uno o dos oyentes. Con tres, el murmullo empieza a molestar a los demás y hay que pasar a equipos portátiles o a cabina.
En la práctica, muchas reuniones ejecutivas se resuelven con susurrada y no con consecutiva, y salen más cortas y más naturales. Es el tipo de cosa que conviene decidir antes, no el día del evento.
Preguntas frecuentes
En la consecutiva el orador habla, se detiene y el intérprete traduce: se turnan. No necesita equipos, pero duplica la duración. En la simultánea el intérprete traduce mientras el orador habla, desde una cabina, y el público escucha por receptores: no alarga el programa, pero requiere equipamiento y dos intérpretes por idioma.
Ni cabina ni receptores. Sólo hace falta que al intérprete se lo escuche: en una sala mediana o grande, un micrófono. Si el grupo se desplaza —una visita a planta, un recorrido— conviene un sistema portátil de audioguía.
Para intervenciones cortas suele bastar uno, porque las pausas le dan respiro. Si la jornada es larga o el contenido muy denso, se trabaja con dos y se relevan igual que en simultánea.
Con dificultad. Cada idioma adicional suma otra pausa, así que una intervención de veinte minutos con dos idiomas de destino puede irse a más de una hora. Con dos o más idiomas, la simultánea deja de ser una opción y pasa a ser la única razonable.
Sí, y es frecuente. Un programa puede abrir con una firma de convenio en consecutiva y seguir con las mesas técnicas en simultánea con cabina. Lo montamos como un solo servicio, con un solo interlocutor.
Depende del idioma, de las horas y de si hace falta un micrófono o un sistema portátil. Al no llevar cabina ni receptores, el valor es bastante menor que el de la simultánea. Díganos el formato y le pasamos el desglose el mismo día.
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Cuéntenos el formato, cuánto dura y cuánta gente escucha, y le decimos con franqueza cuál de las dos le sale mejor. Incluso si es la más barata.